Villa E.1027

“Una casa no es una máquina para vivir”, escribió Eileen Gray en respuesta a la mítica frase de Le Corbusier. Los reproches entre ambos artistas fueron algo recurrente después de que el arquitecto francés sacase su lado más vengativo contra la obra de la diseñadora. 

Tenía un “gran deseo de manchar estas paredes” […] “Diez composiciones están terminadas, lo suficiente como para ensuciarlo todo”, escribió Le Corbusier en 1939 en referencia a las paredes de la racionalista villa que diez años antes había proyectado en Roquebrune-Cap-Martin (Costa Azul) Eileen Gray para ella y su amante, el arquitecto rumano Jean Badovici.

En aquel momento, ella se había separado de él, dejándole en propiedad la casa bautizada como “E.1027”. Anecdóticamente, el nombre es la recopilación juguetona de las iniciales de ambos: La E de Eileen — su arquitecta — y los números que se identifican con el lugar que ocupan en el abecedario las demás iniciales: El 10 es la J, el 2  es la B y el 7 es la G. 

Una de las habitaciones de la Villa E.1027

Una de las habitaciones de la Villa E.1027

El nuevo propietario, Badovici, hospedó a su viejo amigo Le Corbusier unos días en su nueva propiedad y durante esos días de, suponemos mucho alcohol y diversión, le invitó a pintar una serie de murales en las paredes de la casa. Le Corbu, que había estado algo obsesionado con la figura de Eileen Gray, sacó a relucir todo su egocentrismo y utilizando los tabiques de la minimalista vivienda a modo de lienzos,  plasmó una serie de obras semi-abstractas, de temática erótica, que rompían el purismo del proyecto de Gray. 

Esa “violación” — retratada para la posteridad desnudo y con un pincel en la mano delante de unos de los murales — de la obra de Gray, podría traducirse en la tragedia griega de la arquitectura contemporánea: el padre del modernismo invade la casa de la madre del diseño industrial, la mancilla y la corrompe, en un ataque de ego, incapaz de aceptar el virtuosismo y la sensibilidad — cómo ya le sucedió con Charlotte Perriand — de una mujer. 

Después de que Le Corbusier hubiese ultrajado E.1027, la casa fue saqueada por los alemanes en la Segunda Guerra Mundial y Gray, abrumada por los sucesos, se retiró casi por completo de la vida pública. Apenas presenció su re-descubrimiento por la historia del diseño, cuando en 1976 murió en París a la edad de 98 años. 

La casa E.1027 siguió en pie y tras la muerte de Jean Badovici en 1956, Le Corbusier la intentó comprar, sin éxito. Más tarde, enredó a una de sus amigas, Madame Schelbert, la cual consideró en su adquisición quemar todo el mobiliario, pero por suerte para el legado del diseño y las casas de subastas, el arquitecto se lo impidió.  

Vista exterior de la Villa E.1027

Vista exterior de la Villa E.1027

Le Corbusier, que parecía obsesionado con esa casa, en la década de 1950 construyó su propia cabaña modernista, Le Cabanon, justo encima — como no, haciendo halago de su superioridad — de la villa E.1027.  Como colofón para esta tragedia, el final del arquitecto estuvo ligado a este desdichado paraíso y en agosto de 1965 Le Corbusier sufriría un ataque al corazón nadando a los  al pie de los acantilados en los que Gray construyó su obra. Trágica y bonita paradoja. 

Mural pintado por Le Corbusier

Mural pintado por Le Corbusier

A pesar de este teatral final, el destino de la edificación no continuo siendo muy grato. Lugar de varias muertes más — entre ellas un asesinato — la casa cayó en ruinas y se convirtió en casa ocupa, ubicación idónea para “raves” y techo para drogadictos. 

Pero si la desdicha de este pedazo de maravilla arquitectónica parecía haber llegado a su máximo exponente, la verdad es que aún quedaba la guinda del pastel. En su re-descubrimiento y debido a los murales encontrados y a las publicaciones en las que Le Corbusier ni siquiera mencionaba el nombre de Eileen Gray, la E.1027 fue atribuida en un primer momento al arquitecto.

Por suerte, el maravilloso legado de Eileen Gray ha sido reconocido y con él, su obra arquitectónica con la que contrarrestó el funcionalismo y el racionalismo de Le Corbu con un diseño sensual y evolucionado orgánicamente, pensado para las personas, los lugares y las situaciones específicas y claramente esta preciosa casa encima de unos acantilados, con sus interiores cambiantes de función según la incidencia de la luz Mediterránea,  la acredita la excelencia de su obra. 

Imágenes de mi Manuel Bougot & Tim Benton